Las decisiones en pareja. encontrar el equilibrio perfecto
Artículo escrito para el blog de Ama Fuerte
¿Quién toma las decisiones en una relación de pareja? Descúbrelo aquí
Tomar decisiones en pareja no es solo una cuestión práctica, ¡es la clave para una relación fuerte y equilibrada! ❤️ Los roles han cambiado, las responsabilidades también, y con ello surgen preguntas importantes:
🔸 ¿Quién debería decidir?
🔸 ¿Qué tipo de decisiones son clave?
🔸 ¿Qué sucede cuando uno de los dos decide sin consultar?
Respeto, comunicación, libertad y prioridades juegan un papel crucial. ¿Quieres saber cómo manejarlo y fortalecer tu relación? ¡Haz clic aquí y entérate de todo!
12 de sepbiembre de 2024
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El equilibrio en una relación
¿Sabías que una relación sana debe estar basada en la igualdad? El equilibrio, la igualdad son cruciales en la vida en pareja. Los dos sois iguales. Los dos tenéis el mismo valor. Por supuesto que cada persona es diferente y que tenéis capacidades y cualidades diferentes. Pero eso no significa que las dos personas no tengan igual valor, que requieran igual respeto y que las capacidades diferentes, aunque a veces no lo veamos, resulten complementarias, e incluso necesarias. Entre los dos dais el equilibrio necesario para que las decisiones sean ponderadas, razonadas y tengan en cuenta diferentes puntos de vista.
Decisiones conjuntas. El respeto.
En una relación sana y constructiva las decisiones deben tomarse en conjunto. ¡Es mucho más importante de lo que piensas! Los dos juntos siempre. La opinión de los dos contribuye a la decisión. Todos aportan. Toda opinión construye la decisión final, que deberá ser consensuada. Sobre todo, si son decisiones importantes: desde dónde vivir, a qué colegio llevar a los niños y ¡hasta qué nombre ponerles! Pero hay otras decisiones que también son importantes porque afectan a la vida de una pareja: las vacaciones, los planes de ocio… Cada uno expone lo que quiere y por qué. Los puntos de vista se calibran. Los dos quisieran que el otro ceda, pero al final los dos ceden un poco y llegan a un consenso. A un punto común. De esta forma los dos se sienten escuchados y valorados. Los dos ceden y los dos piensan un poco en el otro y otro poco en su propia opinión. Es una decisión en conjunto, sana y equilibrada.
¿Y si no llegamos a un acuerdo? ¿Y si la decisión no es la más adecuada? Te aseguro que en la mayoría de las decisiones hay puntos a favor y en contra y la decisión final muchas veces no está clara, no es cristalina. Te diría que muchas decisiones diferentes pueden incluso ser buenas, ser acertadas. Muchas veces pienso que lo clave de las decisiones no es tanto que sean correctas, sino que sean consensuadas. Mejor estar de acuerdo un poquito equivocados que conseguir la mejor decisión pero estando en desacuerdo....
Aprovechar las fortalezas de cada uno
En la pareja, como en un equipo, (y la pareja es el equipo más importante en el que participamos!) el reto consiste en sacar el máximo partido a las capacidades y fortalezas de cada uno. Cada uno aporta su granito de arena. ¿Se te dan bien los números? Entonces lo más normal que tendáis a que seas tú quien lleve las cuentas y al tener más información, tomes más decisiones basadas en los números. ¿Que al otro se le dan mejor las relaciones sociales? Pues entonces es más lógico que el otro se encargue de gestionar la agenda y que tome más decisiones de esa faceta. Ojo, que eso no quiere decir que cada uno decida su parcela sin tener en cuenta la opinión del otro: las decisiones estarán basadas en datos, pero también en gustos, en opiniones y en todos los casos, serán fruto del diálogo, de sopesar los pros y los contras y en tomar la mejor decisión para la familia. ¿No te parece que esto aporta mucho más al equipo?
La comunicación como base para las decisiones
Aunque la vida es muy compleja y el día está lleno de pequeñas decisiones que habrá que tomar sobre la marcha, es bueno tender a que la comunicación se la base de cualquier decisión importante: pros, contras, ventajas, inconvenientes, gustos, opiniones… Todo se habla y se pone encima de la mesa y es tenido en cuenta. El objetivo tendrá que ser qué es lo mejor para los dos. Así la comunicación debería ser la base de toda decisión. Además, si se hablan bien las cosas, no solo se evitan discusiones estériles, sino que normalmente se toman mejores decisiones, porque se tiene en cuenta todos los puntos de vista.
Pequeñas decisiones
Pero el día está lleno de pequeñas decisiones poco trascendentes: si cenaremos pasta o ensalada, si compro algún capricho apetecible pero menos sano para el desayuno de mañana o si compro algo más sano y saludable… Si digo que sí a una cena esta noche con amigos o si salimos los dos juntos… Si el niño puede jugar otra partida con el móvil o si es hora de acostarse… En estos casos, la clave es la confianza: como las relaciones están basadas en la confianza, cuando uno decide algo, confiamos en que ha pensado en lo mejor, tiene más información y ha decidido lo mejor que ha podido con la mejor intención: Así que lo mejor es que le muestres el máximo apoyo, sobre todo si son decisiones diarias poco trascendentes, o incluso aunque parezcan importantes. Lo contrario llevaría a discusiones o a imposiciones por una de las partes. O incluso al miedo a tomarlas y equivocarse. Sembrar el día a día de correcciones de cómo debería el otro ventilar la casa, planificar la comida, recoger o conducir, puede convertir la relación en una colección de advertencias y de desencuentros que solo pueden dañar una comunicación en la que, en realidad, los dos pueden equivocarse y aprender de los errores (¡todos tenemos derecho a equivocarnos!).
Decisiones importantes
En la misma línea, las decisiones importantes deben esperar. Deben hablarse, deben consensuarse. Pocas veces os encontraréis ante decisiones importantes para vuestra relación y vuestra vida en la que no tengáis tiempo para consultar, para calibrar bien pros y contras y para tomar una decisión consensuada. A veces pueden ser decisiones importantes que parecen personales, pero que afectan a los dos, como aceptar un ascenso laboral que suponga una mayor dedicación o más viajes. A veces se tratará de tomar una decisión sobre la propia familia, como la de tener un hijo o cambiarse de casa.
En estos casos es importante intentar evitar las posiciones cerradas o de los propios gustos, y priorizar qué es lo bueno para la familia, para los dos, para el bien de la familia y de la relación. Plantearse esos momentos con cierta distancia, huyendo de presiones de terceros, como pudiera ser la familia de origen puede ser muy útil. Ayuda a que las decisiones sean no solo consensuadas, sino más objetivas. También puede ser bueno pedir consejo, aunque es importante que, por ejemplo, los padres no intervengan en las decisiones del matrimonio y mucho menos las condicionen.
Las decisiones tomadas
Y, una vez tomada una decisión, pasa a ser algo consensuado. Decisión tomada es decisión consensuada. Es algo común. De cara a vosotros mismos (y mucho más si hay niños, de cara a ellos) debe ser una decisión de dos. Es la decisión del equipo. Y si sale mal, no hay reproches, no hay “Te lo dije” y mucho menos un “ya lo sabía yo”. Cuidado, porque es normal equivocarse (¡¡todos nos equivocamos muchas veces todos los días!!) y todos aprenden de los errores. Lo peor que puede pasar es que en una pareja surja el miedo a tomar decisiones y a equivocarse o que sea siempre uno el que las tome porque el otro prefiere no enfrentarse. En esas situaciones, las decisiones son peores, menos sopesadas, menos correctas y, sobre todo, contribuyen menos al bien de la pareja.
***
La vida está llena de decisiones. Y las decisiones de pareja deben estar basadas en el respeto y ser cosa de dos: se hablan entre dos, se consensuan entre dos, se ejecutan entre dos y se asumen consecuencias y enseñanzas entre los dos. Son ocasiones para aprender y para dialogar. Si son decisiones importantes intentad verlas con objetividad, huyendo de posiciones fijas. Si son decisiones triviales, que es necesario tomar rápido, apoya a muerte al otro aunque tú lo hubieras hecho de otra forma. ¡Ah! y huye de los reproches: ni “te lo dije” ni “ya sabía yo”. Mejor un “no te preocupes” y un “yo hubiera hecho lo mismo”. Somos un equipo. Un equipazo. Siempre unidos, siempre mirando hacia adelante.... juntos.
Fernando Poveda
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